The Show Must Go On

The Show Must Go On indeedby Jay McAdams

Because the art form of theatre is over 2500 years old, there are lots of theatre traditions and rituals that go back centuries. Having just opened our latest show, Man Covets Bird, last weekend, we’ve been steeped in these Opening Night rituals for the past week. Openings are thrilling in the theatre! Lots of gifts and cards and hugs and the tradition of wishing “Break a leg” rather than wishing “good luck” is always observed. The nervous energy is always palpable and almost enough to light the lights without even turning on the dimmers. But it’s more than just nerves. It’s blind hope that the work you’ve been sinking your heart and soul into for weeks or months or years is finally about to be shared with the world, and there is great optimism that the rest of that world is going to agree that this was certainly a worthy endeavor and perhaps the greatest piece of art ever created. And sometimes it plays out that way. Without the belief that this play is going to change the world, most of us, myself included, would never open a show.

Aside from “Break a leg” one of the most well known sayings in the theatre is “the show must go on”. This is more than just a saying to us in the tribe, it’s a way of life. It's theatreethic. It is widely agreed upon in the theatre that only a huge catastrophe will stop the show. No matter what happens, if you can do the show you will. I once saw the great Jessica Tandy faint onstage opposite Keith Carradine and her husband of many decades Hume Cronyn. Carradine ran to catch the elderly Tandy in his arms as she collapsed and slid under her on his knees just she hit the stage cradling her limp body in his arms as the stage manager ran onstage and yelled “Bring down the grand! Bring down the grand!” OMG! A few minutes later as the crowd murmured, they announced that Ms.Tandy had been taken to the hospital and that the second act would restart shortly with her understudy. I fully expected Hume Cronyn’s understudy to come on as well. But no, he stayed behind and did the second act, even with the fate of his wife unknown, because as a man of the theatre he knew that the show must go on.

Yesterday one of our young actors called into a rehearsal for our fabulous arts ed show, Enter Stage Right. He had been in a motorcycle accident on his way to rehearsal and was being treated by paramedics, but wanted us to know he was okay and that was why he was late. An hour later, much to our surprise, in walks the actor literally still bleeding from his motorcycle wreck, but there to rehearse nonetheless. How wonderful, I thought to myself, to see a young actor with such theatre ethic! How refreshing! Now I realize that this probably seems crazy to most people. “He what? Why? Why didn’t he go home and rest? He clearly was in no shape to be at rehearsal.” But for those of us in the theatre, for those of us who have dedicated our lives to this ancient art form, he did absolutely the right thing. You show up to the theatre, no matter how sick you are. You throw up in a bucket and get back onstage and finish the show. You go on with 103 degree fever. Every actor I know has done that. I’ve done that. That’s what it takes to be in the theatre. That’s what you do. That’s what we do. We theatre people are a unique tribe, often misunderstood by the rest of the world. We’re tough. We’ve been taught to be tough over the centuries. We’ve gotta be. It’s the only way to guarantee that the show will go on.


La Función Debe Continuar

por Jay McAdams

Debido a que el arte del teatro tiene más de 2500 años, hay un montón de tradiciones y rituales de teatro que se remontan a siglos. Debido a que el pasado fin de semana estrenámos nuestro último espectáculo, El Hombre Ambiciona al Ave (Man Covets Bird), hemos estado llenos de estos rituales desde la noche de estreno. Los estrenos son siempre emocionantes en el teatro. Un montón de regalos, tarjetas, abrazos y la tradición de decir "rómpanse una pierna" en lugar de desear "buena suerte" siempre se observan. La energía nerviosa es siempre palpable y casi suficiente para encender las luces sin siquiera encender los "dimmers". Pero es algo más que nervios. Es la esperanza ciega de que el trabajo en el que hemos estado sumergidos con alma y corazón por semanas, o meses, o años por fin está a punto de ser compartido con el mundo, y hay un gran optimismo de que el resto del mundo va a estar de acuerdo que esto fue sin duda un esfuerzo digno y tal vez la mayor obra de arte jamás creada. Y a veces sucede de esa manera. Sin esa creencia de que esta obra va a cambiar el mundo, la mayoría de nosotros, incluido yo mismo, nunca estrenaríamos una obra.

Aparte de "Romperse una pierna", uno de los dichos más conocidos en el teatro es "La función debe continuar". Para nosotros en la tribu, más que un dicho, es una forma de vida, es "ética de teatro". Es ampliamente entendido en el teatro que sólo una gran catástrofe detendrá una función. No importa lo que pase, si el actor puede hacer la función, la hará. Una vez vi a la gran Jessica Tandy desmayarse en el escenario mientras trabajaba junto a Keith Carradine y su marido de muchas décadas, Hume Cronyn. Carradine corrió para tomar a Tandy en sus brazos, deslizándose sobre sus rodillas, mientras ella se derrumbaba golpeándo apenas el escenario con su cuerpo inerte mientras el director de escena corría al escenario gritando "Bajen la cortina! Bajen la cortina! "¡Dios mio! Unos minutos más tarde cuando parte del público murmuraba, se anunció que la señora Tandy había sido llevado al hospital y que el segundo acto reiniciaría en breve con su suplente. Yo estaba seguro que el suplente de Hume Cronyn entraría también. Pero no, él se quedó e hizo el segundo acto, incluso con la incertidumbre de no saber el estado de su esposa, porque como hombre de teatro, él sabía que la función debía continuar.

Ayer uno de nuestros actores jóvenes tenía llamado a un ensayo para nuestro fabuloso espectáculo de educación a las artes, Enter Stage Right. Había tenído un accidente de motocicleta en su camino al ensayo y estaba siendo atendido por los paramédicos, pero quería que supieramos que estaba bien y que por eso llegaría tarde. Una hora más tarde, para nuestra sorpresa, llegó en muletas, literalmente aún sangrando de su accidente de motocicleta, pero no obstante, tenía que ensayar. Qué maravilloso, me dije a mí mismo, ver a un joven actor con tanta ética en el teatro. ¡Qué refrescante! Ahora me doy cuenta de que esto probablemente parece una locura para la mayoría. "¿Él qué? ¿Por qué? ¿Por qué no ir a casa y descansar? Era evidente que no estaba en forma para estar en el ensayo. "Pero para todos aquellos de nosotros que hemos dedicado nuestra vida a esta antigua forma de arte, él hizo absolutamente todo lo correcto. Te llegas al teatro, no importa qué tan enfermo estés. Tú vomita en una cubeta y vuelves al escenario y terminas la función. Tú sigues aunque tengas 103 grados de fiebre. Cada actor que conozco ha hecho eso. Yo he hecho eso. Eso es lo que se necesita para estar en el teatro. Eso es lo que haces. Eso es lo que hacemos. La gente de teatro somos una tribu única, a menudo mal entendida por el resto del mundo. Somos duros. Nos han enseñado a ser duros durante siglos. ¡Tenemos que serlo! Es la única manera de garantizar que la función continuará.

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